El agujero que atraviesa la Tierra
La física de un salto imposible: 38 minutos de caída, el centro a más de 28.000 kilómetros por hora y una canica en una ensaladera que lo explica todo.
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Si cavaras un agujero que atravesara la Tierra y saltaras dentro, llegarías al otro lado en 38 minutos. Desde España asomarías en Nueva Zelanda. El problema es que no conseguirías salir.
Nadie puede cavar algo así, y ninguna persona sobreviviría al viaje. Pero la física del salto es preciosa, y este es un problema clásico.
Menos de un minuto para batir el récord
Al principio caes cada vez más deprisa, como al saltar de un avión. El agujero más hondo que hemos hecho nunca, el pozo de Kola, en Rusia, llega a 12.262 metros. En caída libre lo pasarías en unos 50 segundos.
Lo que hay por el camino
Después de la corteza viene el manto, de roca al rojo; luego el núcleo externo, de hierro fundido, y por último el interno, sólido. Se calcula que este último está a entre 5.400 y 6.000 grados. La superficie del Sol está a unos 5.500.
En el centro, a más de 28.000 kilómetros por hora
Ahí alcanzas la velocidad máxima. A ese ritmo, de Madrid a Nueva York se tardan unos doce minutos.
Pero al pasar el centro la gravedad cambia de papel. La mayor parte de la Tierra ya la tienes detrás, tira de ti hacia atrás y empiezas a frenar.
La canica en la ensaladera
Suelta una canica en el borde de una ensaladera. Baja, pasa el fondo a toda velocidad y sube hasta la misma altura del otro lado. Si no hay rozamiento, ni un milímetro más.
A ti te ocurriría lo mismo. Llegarías justo al borde del otro extremo, te pararías un instante y volverías a caer. Sin aire que te frene, irías y vendrías para siempre.
Con aire sería todavía peor para tu plan: te iría frenando y acabarías parado en el centro.
¿Por qué 38 minutos?
Durante años se dio otra cifra, 42 minutos, que sale de suponer que la Tierra es igual de densa en todas partes. En 2015, Alexander Klotz repitió la cuenta con la densidad real, porque el núcleo es mucho más denso que la corteza. Le salieron 38 minutos y 11 segundos.
No viajarías al otro lado del mundo: irías y vendrías para siempre, como un yoyó.