¿Y si la Tierra tuviera anillos como Saturno?
Un arco de lado a lado desde España, noches más claras e inviernos más fríos. Y una hipótesis: que la Tierra ya tuvo un anillo antes de los dinosaurios.
, 3 min de lectura
Unos anillos como los de Saturno serían lo más bonito de nuestro cielo. También nos darían sombra y, de vez en cuando, alguna roca. Y hay una hipótesis según la cual la Tierra ya los tuvo una vez.
Lo que verías depende de dónde vivas
- Desde España: a unos 40 grados de latitud, un arco enorme cruzaría el cielo de lado a lado, también de día.
- En el ecuador: los anillos pasarían justo sobre tu cabeza, y solo verías una raya fina, como un plato visto de canto.
- Cerca del círculo polar: apenas asomarían sobre el horizonte.
Las noches serían distintas
De noche, el Sol seguiría iluminándolos y reflejarían esa luz hacia el suelo, como una luna llena que no se va. La sombra de la Tierra les abriría un hueco oscuro que se movería durante la noche, con el borde naranja y rosado, porque la luz cruza nuestra atmósfera.
Serían de roca y polvo, no de hielo como los de Saturno, porque estamos demasiado cerca del Sol.
No saldrían gratis
La sombra del anillo caería sobre el hemisferio donde es invierno. Un modelo climático de 2002 calcula que bajaría la temperatura media, sobre todo en los trópicos y los subtrópicos. Es un modelo, con un anillo concreto, pero apunta a inviernos más fríos.
Y de vez en cuando caería alguna roca, siempre cerca del ecuador.
Puede que ya los hayamos tenido
En 2024, un equipo liderado por Andrew Tomkins propuso que hace unos 466 millones de años, mucho antes de los dinosaurios, un asteroide pasó tan cerca de la Tierra que se rompió, y sus trozos formaron un anillo.
Su principal pista son 21 cráteres de aquella época, todos a menos de 30 grados del ecuador de entonces. Que caigan ahí por azar tendría una probabilidad de 1 entre 25 millones, según sus cálculos. El anillo pudo durar hasta 40 millones de años, mientras sus trozos iban cayendo.
Es una hipótesis. Otros científicos, como Birger Schmitz, de la Universidad de Lund, creen que aún no hay pruebas suficientes.
Los anillos no son solo cosa de Saturno: puede que un día también fueran nuestros.